domingo, 27 de febrero de 2011

Geometría VI

Los Misterios de Shamballa, Págs. 60 a 63 

A medida que el ser humano vaya evolucionando a través de las edades, se dará cuenta de que el Espacio, con su multiplicidad de soles, constelaciones y planetas, es un verdadero y perfecto mapa astronómico, confeccionado según las más elementales reglas de la geometría y que todo el Inmenso e indescriptible Contenido espacial -visto cósmicamente no es sino el CUERPO EXPRESIVO de UNA ENTIDAD SUPREMA, cuyo poder y absoluta grandeza sobrepasa la visión de los más elevados y esplendentes RISHIS... Este absoluto e inmenso conjunto estelar condiciona todo tipo de visión, a medida que la entidad espiritual evolucionante va desarrollando sus poderes de percepción. Podríamos considerar este misterioso e indefinible conjunto estelar desde tres principales campos de observación: humana, planetaria y cósmica:

a. Desde el ángulo de la percepción humana. En su presente estado de desarrollo, cuando el hombre observa el firmamento estrellado, sólo aprecia puntos brillantes de distintos resplandores que son las refulgentes estrellas y planetas, cíclicamente organizados de acuerdo con la ley del Karma y que constituyen la maravillosa estructura de los Cielos. Este tipo de percepción le permite al observador humano contemplar una serie infinita de figuras geométricas, basadas en el principio científico de la perspectiva. Surgen así las engañosas formas geométricas creadas por los infinitos ángulos de enfoque de la visión humana, sujeta a las deformaciones geométricas de la relatividad objetiva y condicionada por la inclinación del eje de la Tierra con respecto a la elíptica.
Este tipo de visión ha constituido hasta aquí el fundamento de la Astrología convencional o Astrología científica, con respecto al destino de los hombres. Desde el nivel puramente físico, viendo el firmamento como una superficie plana, no puede percibirse otra cosa que las formas y situaciones geométricas aparentes, creadas por los cuerpos estelares en el espacio infinito. El destino del ser humano, enmarcado desde el ángulo de la perspectiva visual y de la posición física de los astros, aparece únicamente como una condición fija e inalterable. Desde este punto de vista, nada puede detener el curso inflexible y rígido de los astros y “…las estrellas inclinan y obligan”. Tal es el principio de perspectiva que surge de la contemplación bidimensional del espacio.

b. Desde el ángulo de la percepción causal, utilizando los poderes de la clarividencia en los niveles más elevados de la mente. Esta visión contempla el universo estrellado, el refulgente conjunto de soles y planetas, desde una dimensión más completa e incluyente. Los cuerpos celestes, sea cual fuere su importancia, aparecen como centros luminosos con vida propia y habitados por Entidades cósmicas de inenarrable grandeza y evolución, constituyendo entre sí misteriosas y enigmáticas figuras geométricas, poliédricas, transparentes y de una extraordinaria belleza. El espacio cósmico no aparece aquí como una superficie plana, como en el caso anterior, sino en su aspecto cuatridimensional, es decir, en volumen y de manera transparente, viéndose las composiciones geométricas poliédricas por fuera, por dentro, a través y desde todos los ángulos. Ya no se escuchan únicamente las notas particularizadas de cada cuerpo estelar sino que el oído del observador, insuflado del aliento cósmico, se extasía con la sinfonía creada por un inmenso conjunto orquestal, formado por todas aquellas gigantescas agrupaciones estelares que arrastran raudamente sus composiciones geométricas, que son las ideas de los Dioses a través del espacio infinito. Esta visión “en volumen” y en exquisita e indescriptible transparencia del Cosmos se fundamenta en realidades causales y utilizando un tipo de luz o de percepción absolutamente desconocido todavía por los hombres de la Tierra, pero que utilizan sabiamente los Iniciados, para descubrir los grandes secretos cósmicos, el misterio de los Rayos y el oculto destino del alma humana. Si pudiésemos asignarle un nombre científico a ese tipo de visión y al conocimiento que se extrae del mismo, el más apropiado sería sin duda el de “Astrología Esotérica”. Este es el campo de observación de los Adeptos de la Gran Fraternidad Blanca del planeta, cuando tratan de leer el destino causal de las naciones, el de los conjuntos sociales humanos y el de los discípulos espirituales del mundo que más adelante serán los Iniciados de la Jerarquía. Como ustedes irán observando –si siguen atentamente el proceso- estamos utilizando la regla esotérica de la analogía, cuando investigamos los distintos ángulos de percepción geométrica del Cosmos.

c. Desde el ángulo de la percepción cósmica, utilizando sistemas de visión que están más allá de la inteligencia humana y son accesibles solamente a aquellos Iniciados que alcanzaron ciertas Iniciaciones fuera del Sistema solar. Ya no se perciben formas geométricas basadas en las percepciones físicas ni las transparentes formas geométricas que dieron lugar a la lectura astrológica causal del destino del Ego y de los grupos egoicos. Aquí la percepción es multidimensional y se relaciona con las indescriptibles figuras geométricas constituidas por las agrupaciones de conjuntos monádicos, de los cuales los grupos egoicos en los niveles causales de los planetas no son sino pálidos reflejos. Se trata por lo tanto, de una visión o percepción del destino monádico de todas las humanidades existentes en el sistema cósmico del cual nuestro Sistema solar forma parte, pero que, por analogía, puede ser extendido al Sistema Galáctico absoluto central del que surgen todos los espíritus, todas las almas y todas las formas.

Tal es la Astrología de los Dioses, de la cual no se conoce prácticamente nada, salvo la consideración analógica que se extiende por su propia e infinita fluidez a regiones siderales de tal maravillosa y excelsa magnitud, que escapan incluso a la percepción multidimensional de los grandes Budas planetarios...

Sin embargo, fue a través de la luz proyectada por esta Astrología cósmica sobre el campo de la percepción de los Iniciados planetarios, que surgió a su debido tiempo la Astrología jerárquica, merced a la cual se confeccionan los mapas astrológicos correspondientes al destino de los astros dentro del Sistema solar. Es por tal motivo que a SANAT KUMARA, el SEÑOR DE SHAMBALLA, se le denomina “El Gran Astrólogo”, cuando se le menciona jerárquicamente, pues solamente EL, en la incomprensible soledad de Su augusta Cámara Secreta, puede medir el paso cíclico de las grandes Constelaciones y confeccionar creadoramente el destino de la Tierra. Desde tal punto de vista, el Centro de SHAMBALLA es el observatorio cósmico desde el cual
SANAT KUMARA puede “prever” el nacimiento de los mundos hermanos que han de aparecer de acuerdo con las leyes cíclicas del Universo, basadas en la Geometría esotérica, para cumplir determinada misión kármica dentro del “círculo-no-se-pasa” solar.

Pero el mapa celeste que se utiliza para tales observaciones cósmicas sólo podrá ser tenuemente interpretado cuando se haya recibido la séptima Iniciación planetaria, cuando el gran Iniciado empieza a prepararse ya activamente para crear Su propio modelo de mundo, dentro del gran conjunto cósmico. Además de los grandes centros etéricos planetarios a los que hacíamos referencia durante el curso de este capítulo sobre la Estructuración Mística de SHAMBALLA, existen en la Tierra otros centros menores cuya función es similar o muy parecida, a la actividad desarrollada por las glándulas endocrinas dentro del organismo humano y a través de las cuales es canalizada la energía procedente de los centros etéricos o chakras del Logos planetario. Algunos de tales centros menores, esotéricamente reconocidos, son las ciudades de LONDRES, GINEBRA, NUEVA YORK, TOKIO y DARJEELING en el norte de la India.

La consideración analítica del establecimiento de tales centros y la forma como es utilizado el tremendo poder magnético del SEÑOR DEL MUNDO, a través del Centro de Poder o Talismán sagrado del planeta, para crear estos centros menores de poder logoico, serán estudiadas en otro capítulo de este libro, dedicado exclusivamente a las Iniciaciones planetarias.

Poco nos queda por decir ya acerca de la estructuración geométrica y mística de SHAMBALLA, ya que se trata únicamente de vincular este absoluto centro planetario de Síntesis, con la totalidad del contenido universal y de estudiar las repercusiones de su omnipotente poder sobre la minúscula estructura geométrica del ser humano ya que éste, en virtud de la ley de semejanza cósmica -base fundamental del principio de analogía- es un verdadero centro de vinculación con todo lo creado y aun, dentro de las limitaciones propias de su etapa evolutiva, trata constantemente de revelar en el tiempo aquel eterno secreto del espacio que un día le convirtió en un hombre y que, más adelante, le convertirá en un Dios.   

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